¿Leen nuestros jóvenes alumnos?


       Este problema, en mi opinión, pone el acento sobre dos cuestiones: por un lado, está el problema de si nuestros alumnos leen y, si lo hacen, entienden lo que leen; por otro, plantea un problema más bien de corte didáctico o docente –si se prefiere– donde el dilema radica, ya no en cómo llevan a cabo nuestros alumnos el proceso de lectura, en particular, y el de aprendizaje, en general, sino en cuáles son los medios a través de los cuales los docentes intentamos que lleven a cabo dicho proceso.

       La primera cuestión tiene una pronta y contundente respuesta: nuestros alumnos sí leen; leen mensajes de texto, correos electrónicos, guías de juegos de PC y consola, textos en internet, incluso novelas como Harry Potter y, por supuesto, entienden lo que leen, prueba de ello son las espectaculares ventas de móviles, juegos, PCS, libros pues quién hay tan necio que, en no entendiendo algo, recae una y otra vez en la adquisición de ese algo que no le es de ninguna utilidad. Entonces, ¿cuál es el problema, qué nuestros alumnos no leen y, cuando lo hacen, no entienden lo que leen o que no leen lo que nosotros queremos que lean y son este tipo de lecturas las que realmente no entienden? En este sentido, la respuesta podría ser igual de contundente que la anterior, a saber: es extremadamente difícil que, motu propio, nuestros alumnos, llegada una tarde de sábado, se dirijan a la estantería de sus padres, que por casualidad tienen ejemplares de nuestros más ilustres clásicos, aferren anhelantes un ejemplar de El árbol de la ciencia y devoren página tras página para, llegado el lunes, comentar tan interesante lectura con sus compañeros mientras degustan un bocadillo de chorizo… Mucho más difícil es que entiendan un tipo de lectura, la literaria, que está llena de referencias a la Historia y a otras obras, cuando ley de enseñanza tras ley de enseñanza se han venido reduciendo los contenidos históricos y literarios hasta convertirlos en un anecdotario que el alumno debe fusilar para poder pasar al siguiente curso.

       Si queremos que nuestros alumnos lean aquello que les va a ser útil y provechoso, ya no me refiero exclusivamente a las lecturas literarias sino a otras que les va a ser necesario hacer, nuestro deber es motivar al alumno a llevar a cabo esas lecturas proveyendo a las mismas de una finalidad, generando previamente las inferencias necesarias y clarificando la posible intertextualidad para que la lectura no se convierta en un acto arduo y fallido. Es muy posible que el constante ejercicio y puesta en práctica de este modelo convierta a muchos de nuestros alumnos en lectores competentes. El que luego sigan llevando a cabo este tipo de lecturas dependerá en gran medida de su libertad, sus intereses y de lo que la vida les depare.

       La segunda cuestión podría tener, asimismo, una respuesta contundente: siempre ha habido malas y aceptables prácticas docentes, incluso las hay buenas. En mi opinión, un docente que, tras haber intentado que sus alumnos adquieran un tipo de conocimiento dado mediante la lectura de un texto, constata que el efecto deseado no se ha producido y subsana el problema mediante la repetición de la lectura obteniendo idénticos resultados no sólo es un mal docente sino que es un necio.

       Hay tantas formas de llegar a nuestros alumnos como tipos de alumnos existen en el aula y son varios los métodos que podemos poner en funcionamiento durante el proceso de enseñanza/aprendizaje. Habrá alumnos que, por naturaleza o formación, entiendan los textos a las mil maravillas y a otros que les cueste más. Nuestro deber como docentes es ser conscientes de esta heterogeneidad y aplicar uno u otro modelo, tal o cual forma, en función del tipo de alumno, ya no de alumnos, al que nos acerquemos. Si el objetivo final es que sean capaces de extraer informaciones concretas y provechosas de los textos, deberemos potenciar su competencia lectora en este sentido y no en otro porque las cosas ni caen del cielo ni vienen totalmente determinadas por el entorno ni son culpa de quien nos precedió.


Luis F. Güemes Suárez.

En Alicante, a 11 de mayo de 2010.

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2 comentarios:

anabel dijo...

¡Hola Luis!. Efectivamente, sí que leen, pero no textos literarios; como son textos literarios no los entienden, ese es el problema.
Pasar del "Olle, Kien ers?" (sí, si con dos eles, para rematar la escritura) o Kdamos? a "Miré los muros de la patria mía.." hay un abismo. Un saludo.

Luis dijo...

¿Tú crees? ¿No intervienen procesos de creación y descodificación en "kdamos"? Me niego a pensar que mis alumnos no entiendan que un tipo esté mirando unas ruinas. Otra cosa es la interpretación que nosotros o la crítica queramos o podamos darle. Pregúntale a Hamlet si considera que padece el mal llamado "complejo de Edipo". Un saludo.

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