Una luz en el camino

A María

Te miro,
allí,
frente a mi escritorio;
enseñas descuidado un hombro.
Me das tu espalda y, sin embargo,
me miras...
porque tú siempre miras
lo que no soy, lo que no tengo.
Te miro ajena, distante, serena.
Me miro
en medio del festín de cuervos.
Pienso porque te miro...
pienso: ¡ya lo tengo!
Me olvido, suspiro, tiemblo.


Luis F. Güemes Suárez
En Alicante, a 22 de mayo de 2010.

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1 comentario:

Narkia dijo...

Oigo constelaciones.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.

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