Escuela 2.0

Hola, compañeros! Hasta hoy me ha sido imposible participar en este debate pero, por fin, hoy puedo realizar mi intervención.

Hace pocos días comentaba a nuestro mentor y guía en el ciberespacio que, mientras no hubiera tomas de corriente suficientes en cada pupitre, mesa o pared, la escuela 2.0 sería una entelequia. Porque, en mi opinión, el problema no es que veamos útil o no este avance -el avance es útil per se o acaso no fue un avance el paso del rollo al codex , al que seguro que muchos se opusieron, o la simple introducción de una grapa en el periódico ABC, que hace que su lectura sea mucho más cómoda- Casi todo lo que viene del mundo de la informática nos puede ser provechoso en una u otra medida. El problema es la actitud y la solvencia. ¿De qué sirve una escuela 2.0 si no tenemos profesores 2.0? Qué tienes miedo de que los procesadores de texto corrijan los textos de tus alumnos: pues desactívalos que no es complicado; qué tus alumnos no te hacen caso: gánate su atención y su respeto porque, si no te atienden, es que tus mensajes no les están llegando.

Las WEB 2.0 suponen no sólo un acceso inmediato a todo tipo de informaciones sino la posibilidad de poner dicha información en común en muy poco tiempo. ¿Acaso eso puede ser malo? En todo caso, el papel de un profesor 2.0 sería enseñar a gestionar y seleccionar la información obtenida. El profesor de mañana será una red que de seguridad y protección a un alumnado que no sólo podrá buscar las respuestas a nuestras preguntas sino gestionar, a su vez, nuevas preguntas que nosotros deberemos de responder. En este sentido, nuestro deber es desarrollar nuestra competencia en el tratamiento de la información y digital al máximo para que no se dé el caso de que las nuevas tecnologías nos sobrepasen aunque, si éstas consiguen hacerlo, es que nuestro papel de profesores carece de sentido. ¿Es esto así? En algunos casos sí pero en infinidad de casos no. Tanto es así que el profesor que se limitaba a leer el libro en clase ya fue hace muchos años sobrepasado no por las nuevas tecnologías sino por su propia incompetencia. Este tipo de profesor siempre se verá desbordado por la innovación venga esta de dónde venga. Sin embargo, para el profesor que sabe qué, cómo y cuándo hay que enseñar, las innovaciones son una forma de ampliar, mejorar y, por qué no, hacer más atractivos los contenidos.

Retroproyectores, pizarras digitales, ordenadores, etc. no son más que libros frente al alumno; nuestro deber, mediar entre lo que muestran, ofrecen, enseñan y nuestros alumnos. Ese es el papel tradicional del profesor, ser el cedazo que deja pasar lo útil y provechoso y obstaculiza lo de poco valor, lo erróneo, lo falso. Don Quijote es tan sabio y valiente que lo mismo le da pasear por La Mancha destrozando molinos que por el ciberespacio haciendo lo propio. Seamos abiertos y competentes porque el mañana ya está aquí.
 
Luis F. Güemes.
En Alicante, a 18 de abril de 2010

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