Aprendizaje cooperativo

       El debate que se viene realizando desde ayer, 26 de abril de 2010, en el blog de Didáctica de la lengua y la literatura de la UA* me parece sumamente interesante, más que nada porque, tras meses de dale que dale en dicho máster con el tema del aprendizaje cooperativo, llegas a un aula que pone en una hoja sobre la pizarra: por favor, mantenga el orden de la clase, donde el esquema que aparece a continuación es un aula formada por grupos de dos mesas. Sí, dos mesas, lo de toda la vida. La primera vez que pregunté a algunos docentes del instituto donde hice prácticas sobre este tipo de aprendizaje, uno de ellos me contestó que era poco rentable porque se perdía mucho tiempo y, además, servía para que los que hacían muy poco hicieran aún menos en menoscabo de los que siempre trabajan. No pude que reflexionar sobre esas palabras porque el docente en cuestión es una persona sumamente competente y muestra gran solvencia a la hora de impartir clase.
Por otro lado, últimamente vengo escuchando que la cooperación está bien para las etapas más tempranas y que, a partir de 2 de ESO, hay que abandonar este sistema por otro (el tradicional, supongo).
       Luego está mi propia experiencia. Como bien me dijo uno de nuestros profesores no hace mucho, yo soy un alumno de la Posguerra. Si bien esto es una exageración, no lo es el hecho de que yo recibiera una educación anquilosada mediante unas prácticas del todo obsoletas. Conclusión: la primera vez que trabajé de forma cooperativa fue el año pasado, a mis 36 años, para una asignatura de Filología Hispánica. La experiencia fue nefasta en el sentido de que yo no era nada cooperativo ya que, por mi propia idiosincrasia, podría decirse que era más bien "impositivo". Ante el atasco del grupo al que había sido asignado, diseñé la parte práctica de la actividad y la puse en práctica mientras que otro miembro se ocupó de la parte teórica pues estaba en mi mismo caso. Las tres personas restantes, aunque eran incapaces de plantear ideas, no podían dejar de mostrar su malestar así que se dieron tres casos distintos: uno azuzado por otro, se dedicó a agenciarse las ideas de los demás, otro, se dedicó a hacer obedientemente lo que el resto decía y, el último, se dedicó a boicotear el trabajo de todas las formas posibles hasta que se llegó a un desagradable enfrentamiento. Todo esto, podría haberme hecho llegar a la conclusión de que el aprendizaje cooperativo no es efectivo, ¿No?
       Este año, sin embargo, he tenido la oportunidad, no sólo de estudiar desde el punto de vista teórico este tipo de trabajo, sino de practicarlo con muchas de mis compañeras y compañeros de máster. Casi siempre, la experiencia ha sido un éxito y ha sido cómodo y rentable. He aprendido a callar, a escuchar, a ceder, a imponerme, a dejar de lado una idea que me parecía buena en favor de otra que no sabía cómo iba a salir pero por la que el resto del grupo mostraba entusiasmo e interés.
       Mi conclusión, pues, es que el trabajo cooperativo es más que una forma de aprendizaje es una actitud vital fundamentada en el respeto al otro y a uno mismo. Todo lo que aprendemos en esta vida es cooperativo ya que todo lo que ocurre es un hecho social: desde aprender a guardar una cola en las paradas de autobús hasta aprender a interpretar un texto; ¿acaso no cooperan, aún en la distancia, escritor y lector tanto en la producción como en la descodificación de textos?, ¿no son los intertextos y las inferencias espacios cooperativos?. Claramente, me decanto por llevar el aprendizaje cooperativo no sólo a las primeras etapas de la enseñanza sino a las universidades en todos sus grados y especialidades.

¡Buen debate!

Luis F. Güemes.
En Alicante, a 27 de abril de 2010

* http://didacticalenguayliteratura.ning.com/forum/topics/aprendizaje-cooperativo

1 comentario:

Narkia dijo...

Muy buena reflexión, en serio!Me alegro de ese cambio. Pero, es que tu grupo del año pasado era infernal!!!Si que hasta uno de los componentes quería dejaros tirados antes de acabar el corto!!y encima este año nos la encontramos y nos dice:
-ya no estoy en filología, no me gustaba!!
En fin, mi experiencia con la cooperación en grupo ha sido toda una agonía. ¡Es una asignatura pendiente!

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