Caca de Luxe II

"Conócete a ti mismo" -Oráculo de Delfos-
Para María, con todo mi amor.

No hay preguntas tontas sino contestaciones poco pertinentes… o algo así. ¿Dónde radica el interés de las cosas que leemos, oímos, vemos?, ¿tal vez, en quién lo dice, tal vez, en cómo lo dice o, tal vez, en el “prestigio” de la persona que lo dice?. No sé...

Por mi formación, he tenido la oportunidad de tener un contacto más o menos profundo con los grandes escritores tanto del clasicismo greco-romano como del español y de otras literaturas, he asistido al espectáculo de obras de teatro sublimes, he escuchado conferencias soberbias que han cambiado mi visión del mundo –recuerdo, especialmente, una sobre la verdad de los evangelios-.

Por devoción, he leído todo tipo de narrativa fantástica, de ciencia ficción, he disfrutado viendo a Spiderman saltar de edificio en edificio, he mantenido largos debates, con Mis amigos Sergio y Pablo, acerca de si los aviones caen en picado o planeando sobre las bases de un nulo conocimiento aeronáutico.

Admiro a Unamuno, Machado suele hablarme porque, aunque él sólo hable con el hombre que siempre va consigo, yo me escondo en las lindes a escucharle, amo a Miguel, sin ningún rubor, porque su voz cala en lo más profundo de mi alma.

Esto es así. Soy una suma de cosas muchas veces dispersas, a veces contradictorias, algunas antagónicas.

Pero es el caso que, de entre todas las grandes cosas que he leído, he visto, he odio, una sola viene a mi mente en los momentos difíciles. No es una frase de Unamuno ni de Machado ni de Miguel, es una de un personaje que creó un escritor americano –no sé si de segunda o tercera fila; ¡una traducción además!-. Su nombre es Tad Willians, el libro en concreto el primer volumen del ciclo "Añoranzas y pesares", El trono de huesos de dragón, la frase –cito no textualmente-: que tu hogar sea tu mente, tus posesiones tus conocimientos, tus recuerdos y, así, todo lo que tienes o alguna vez tendrás siempre irá contigo.

¿Dónde radica, pues, el interés de la telebasura? En los ojos de quien mira, en la mente de quién interpreta, en como aplicamos o discriminamos esas cosas tontas y de mal gusto que vemos a nuestras vidas. No todos tenemos ni las ganas ni la capacidad de leer con interés todas esas cosas bellas y profundas que los más dotados nos legaron. Muchos serían incapaces de entenderlas y otros ni siquiera saben que existen: así es el mundo de injusto. Cansados y exhaustos de bregar con sus jefes, con sus hijos, con el mundo, llegan a casa y sólo quieren que su mente se pasee ociosa por el televisor. Las más de las veces ni escuchan lo que ven ni ven lo que escuchan pero eso les entretiene, les hace evadirse de una realidad que está muy lejos de sus deseos y antiguas expectativas. Algunos, los menos –creo- observan esos programas como un fenómeno sociológico digno de estudio por su innegable repercusión. Y mi señora madre, cuyos intereses intelectuales difieren de una forma radical de los de mi señor padre, se “troncha” viendo los desmanes de unos y de otros -¿tal vez, para ella, sólo sea una película de humor en directo?

Sólo pido que seamos justos y rigurosos valorando, no lo que leemos, oímos, vemos, sino más bien las conclusiones que extraemos de lo que vemos, oímos, leemos.




Luis F. Güemes.
En Alicante a 25 de abril de 2010

5 comentarios:

Narkia dijo...

Gracias.

José Rovira Collado dijo...

Muy buena reflexión e interesante cita Luis. Sobre la influencia de la telebasura también podríamos haber hecho un debate, como de otras muchas cosas. Por suerte o por desgracia como profesor@s de secundaria os tocará estar al tanto de todos los "temas de actualidad" que salen en la tele. De eso hablaremos el próximo día.
Y respecto a citas, seguro que usarás y te gustará la que uso el último día de clase (si no la conoces ya)... no faltes.

Luis dijo...

¡No me lo perdería por nada!

anabel dijo...

A mí, sinceramente me ha encantado la reflexión que has hecho porque se ajusta a la realidad y es como dices, al menos, desde mi punto de vista. La mayoría de las veces esos programas constituyen un murmullo de fondo porque en el fondo son aburridos, archicansinos y estresantes. Sin embargo, abogo por el respeto al ser humano y no todo el mundo tiene inteligencia o cultura para discernir algo que, en verdad, le está atrofiando. No quiero juzgar a nadie que visione esa telebasura, pero sí a las cadenas y a España, que deja mucho que desear y la tele ya constituye una decepción para muchos.
Yo preferería que la mamá, el papá que llega del trabajo, les diera un abrazo a sus hijos, un beso a su mujer, una tertulia con ellos, una partida de cartas...¿Por qué no?. Esta es mi reflexión...

Luis dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con tu propuesta. Como verás, no he querido entrar al trapo con las implicaciones éticas porque ahí sería de un radicalismo absoluto. Muchas gracias, Anabel.

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