Caballeros con y sin espada


Considerando que las presentaciones en el aula son un elemento muy positivo ya que por un lado potencian la competencia oral y por otro nos adiestran en la futura tarea docente en la que nos veremos obligados a practicar día tras día dicho ejercicio, me gustaría reflexionar sobre los siguientes puntos:

1. ¿Se nos ha formado en la ejecución de este ejercicio?
2. Tenemos unas bases teóricas y pragmáticas sólidas sobre las que fundamentar dicha actividad.
3. Dado que cada alumno tiene una forma de ser propia, la evaluación de esta actividad no se asienta sobre la injusta dicotomía introvertido/extrovertido.

Es el caso que llega un profesor de tal o cual materia y te manda un trabajo que ya de por sí es farragoso incluso, en ocasiones, se basa en el mero desarrollo de la fantasía ya que te encuentras ante una materia que no dominas porque acabas de tener tus primeros escarceos con ella; te dice: ahora, hazme una exposición oral; y tienes que hablar durante 20 ó 30 min. de un tema que no dominas bajo la inquisitiva mirada de alguien que no sabes qué criterios de evaluación sigue porque, sencillamente, no te los ha dicho. A lo mejor, ese alguien carece de sentido del humor o tiene prejuicios contra ciertas formas de vestir u odia los coloquialismos o yo qué sé... y no sé porque no se me ha dado una guía.
Y, entonces, llega un@ alumn@ (A) que es introvertid@ y, aunque sabe, no acaba de soltarse porque es de esas personas que necesitan saber qué, cómo y cuándo; se atasca, se pone nervios@ y finalmente se derrumba. Todo estaba bien en el papel pero… A este alumno le sucede un alumn@ (B); no ha preparado demasiado la exposición pero es un@ tip@ con don de gentes, desenvuelt@, con eso que denominamos psicología. Sabe que no hay mucho que perder y tira de lo que hay: su experiencia vital. Comienza a hacer un guiño acá otro allá y encuentra la forma de, tocando sucintamente el tema de turno, tener encandilados a sus compañeros y profesor durante los 20 min. de rigor. No había nada en el papel pero…
Dejaré este problema irresoluto porque aún no tengo la respuesta; es más, dudo que sean muchos los que la tengan porque para contestar a esto habría que pasar por numerosos ítems, de los que uno nada desdeñable sería el tema de los propios prejuicios. Sólo puedo decir que, como docentes, creo que estamos obligados a poner una red (objetivos) que dé seguridad a nuestros alumnos.
Luis F. Güemes
En Alicante, a 18 de marzo de 2010

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